Hacer las maletas, decir adiós a mamá y papá e irse por
un año (o menos) a un país europeo o quizás cruzando algún
océano que otro. Asistir a un buen curso de idioma y volver a España
con una experiencia importante por poner en el curriculo y además estupendas
vivencias por contar. Todo eso, gastando poco dinero y, si tienes suerte, puede
salirte gratis.
Esto es, en dos palabras, lo que significa Au Pair.
El concepto es sencillo. Se sale de España después de haber contactado
con una familia que vive en el país donde queremos ir, y una vez allí,
la familia garantiza comida, alojamiento y una pequeña cantidad de dinero
a cambio de determinados servicios domésticos. Ésta es la fórmula
general: la persona au pair se inserta en un núcleo familiar con los
mismos derechos y las mismas obligaciones que los otros componentes de la familia.
Además, tiene que destinar un número de horas variable a las necesidades
de la familia. Está claro que no se contrata a la persona como camarera/o,
y en este sentido las leyes europeas son muy decidoras: "La persona contratada
como "au pair" tendrá derecho a disponer de tiempo suficiente
para asistir a cursos de lengua y para perfeccionar su formación cultural
y profesional. Para conseguir este fin, se deberá regular la jornada
laboral de una forma consensuada (Convención de Estrasburgo de 1969).
Naturalmente existen requisitos mínimos para disfrutar de esta oportunidad,
aunque varian según la situación y sobre todo según el
país. En primer lugar la edad. Esta tiene que estar comprendida entre
los diecisiete y los treinta años. La duración de la colocación
deberá ser de un mes como mínimo. Hablar la lengua del país
de acogida representa una ventaja. Otro requisito fundamental en la mayoría
de los casos es saber estar al cuidado de los niños, dado que con ellos
se tendrá que pasar larga parte del tiempo en la familia. Por eso las
chicas consiguen irse de au pair con mucha más facilidad que los muchachos,
aunque el sexo no constituye un valor discriminatorio: "Todos pueden realizar
esta experiencia- segun afirma Eveline Hermans, general manager de 'Intermediate',
una organización romana que se ocupa de estos programas- aunque a menudo
las familias solicitan chicas. La virtud esencial es la capacidad de adaptación
. En efecto, las tareas son sencillas: ayudar a los niños a vestirse,
llevarlos al colegio y del colegio a casa, entretenerlos con juegos y otras
actividades. Hay que ser capaz de preparar comidas simples, mantener ordenada
la habitación de los niños y la propia. Hay también que
colaborar en los quehaceres cotidianos". Todas actividades por las que,
a causa de un famoso estereotipo cultural, se consideran más aptas las
chicas. Pero ¿qué pasa si un chico sabe hacer todo esto y quiere
irse de au pair? El secreto consiste en solicitar el trabajo con tiempo de antelación,
estar disponible para periodos largos y no ser demasiado exigente.
Por lo que se refiere a la duración de las estancias, se pasa de un
mínimo de un mes en el verano a un máximo de seis meses/un año,
en particular si se atienden cursos de idiomas que, en muchos casos, y en particular
en América, suelen correr a cargo de la familia de acogida. Puede suceder
también que ésta se ofrezca de pagar, parcial o totalmente, los
gastos de viaje, pero esto depende naturalmente de la familia de acogida.
Queda el aspecto más peliagudo: cómo encontrar a una familia
que nos acoja.
En general, hay dos opciones. La primera es rebuscar en los anuncios que periódicamente
salen en la prensa italiana, internacional y telemática más o
menos especializada. La segunda consiste en dirigirse a una agencia que haga
de intermediario. Ambas soluciones tienen "pros y contras". En particular,
cuando uno parte solo, a la aventura, hay que considerar posibles sorpresas
desagradables, dado que no siempre existe un contrato que establece los derechos
y las obligaciones de la persona au pair. Es decir, es posible (y ha ocurrido
realmente) que nos echen fuera de la casa con toda tranquilidad después
de una pelea con el amo. Y no tener puntos de apoyo o referencia en estas situaciones
no es exactamente lo mejor. Generalmente, problemas de este tipo no se comprueban,
a no ser en manera más blanda, cuando está involucrada una agencia
especializada (aquí no se lo que quieres decir). Primero, porque la familia
firma un contrato. Segundo, porque en el país de acogida siempre hay
un punto de referencia para conseguir atención. Pero aquí entramos
en los 'contras' porque esta atención hay que pagarla. Las organizaciones
de intermediación generalmente piden una comisión por el servicio
(entre los 200 y los 400 Euros). Ésta incluye una garantía, nunca
absoluta, relativa a la seriedad de la familia de acogida y una serie de facilidades
de distinto tipo.
En España, las organizaciones de este sector son muchas y de distinta
naturaleza: existen tanto asociaciones culturales como tour operadores . Nosotros
hemos recogido informaciones que se refieren a las más conocidas, de
las que publicamos las direcciones, aconsejando siempre que lo mejor es contactar
personalmente para pedir más detalles.
¡Échale una ojeada!